
Marjorie Pagan Robles describe su experiencia en la escuela superior pública como “complicada.” A ella le gustaba aprender, ella dijo, pero no era por cómo ni qué le enseñaban.
“Las escuelas suelen tener currículos que no reflejan ni involucran a los estudiantes a los que sirven, pero aun así esperan una respuesta positiva,” ella dijo. “Ellos no promueven el pensamiento crítico ni la individualidad, y no apoyan adecuadamente el bienestar social y emocional de los estudiantes. En cambio, recurren a medidas punitivas en lugar de abordar sus propias fallas o deficiencias.”
A ella la etiquetaron como “mala” o “buena,” ella dijo, dependiendo del contexto: “buena” por sus calificaciones, pero “mala” por responder mal, cuestionar las acciones de los adultos y defenderse.
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